Carande, un pueblín de la montaña leonesa

Muchos, seguidores o amigos, sabrán que parte de mis origenes como persona (y montañero) nacen en un pequeño pueblo de la Montaña de Riaño: Carande.
 
Aunque siempre lo cito y lo cuelo de alguna manera u otra en mis reportajes (Pinchar AQUÍ), no soy muy dado tampoco a cantar sus alabanzas ni a sacar pecho por tener un pueblo así, guapo y resultón a primera vista (ustedes perdonen, pero es verdad).
 
Casi siempre ando narrando mis experiencias por otros valles, montañas y pueblos de la cordillera. Además, durante los dos últimos años apenas he podido permanecer el tiempo que me hubiera gustado en este pueblo mío, como podéis observar en muchos de los reportajes, ¡La Senda del Hayedo ya llega hasta el mar!.
 
Por ello, como hace ya mucho tiempo que mi pueblo no sale en este blog, y como creo que es mi deber como paisano darle un poco de promoción… 
 
¿Os parece si damos un paseo por uno de los lugares más guapos de la montaña leonesa?
 
 
carande
Carande en Julio
 
 
Como un naufrago
 
Si tiene cierta esencia de naufrago este pueblo mio. Carande, junto con Horcadas, son los únicos pueblos supervivientes del antiguo valle de Riaño, hoy annegado bajo las aguas de un embalse no bien recibido en esta comarca (de hecho, la comarca es solo un resto de lo que fue debido a estas aguas).
 
Carande se recuesta en las siempre jugosas y verdes praderas regadas por los arroyos que descienden de sus frondosos montes a apenas 200 metros del pantano cuando el agua sube en primavera. Vamos, que tengo pueblo casi de milagro (habría que agradecer al ingeniero de la presa que no subió el nivel de ella unos metrines más). De hecho, Carande si estuvo “condenado” en los primeros estudios de la construcción del embalse, en lo que el nombre de este pueblo salia junto con otros como Anciles o Pedrosa en la lista de pueblos “a inundar”.
 
 
 
 
Aunque el pantano no entró en las calles carandiellas, si se llevó el mejor de sus tesoros: su valle. Un fertil valle cultivado y bien regado por el río Carandín por que el que también discurría el camino principal a Riaño (antes de 1987, no existía carretera asfaltada para entrar en Carande, fue, quizás, el único regalo que “el progreso” trajo a esta localidad). Un valle que se sumerge y emerge según la estación y que hoy ya es solo pasto de bogas y garzas.
 
Los pobladores
 
Siempre imaginé, ya desde muy niño, cuando andaba por los montes de Carande, los antiguos pobladores de estas montañas, indígenas ocultos entre los hayedos esperando, al acecho, a que la columna romana ascendiente por el viejo río Astura penetrara en su sagrado valle de Vadinia, para salir con sus caballos de entre la espesura y clavar sus lanzas en las corazas del ejército del águila.
 
 
Las madreñas, el gore-tex de la cordillera cantábrica
 
 
En Carande se han encontrado lápidas del clan cántabro de los “Vadinienses”, pueblo perteneciente a la cultura astur-cántabra que dominó las altas cuencas de la parte oriental de la cordillera cantábrica, entre León, Santander y Oviedo.
 
 
La vaca, elemento troncal del paisaje montañés
 
 
Hoy, ya no quedan guerreros cántabros en Carande, pero si siguen haciendo cosas que no han variado mucho en los últimos dos mil años. La ganadería, de vaca, oveja y caballo, es la única actividad económica que se realiza en este pueblo dejando a lado los ingresos originados por la caza mayor de la reserva nacional de caza de Riaño. Y no se hace mal, pues de aquí salen las mejores carnes de León, y me atrevería a decir, de España (la empresa Valles del Esla adquiere aquí parte de su materia prima).
 
 
Bolo Riañés en Carande
 
 
Los actuales pobladores de este tradicional pueblo pastor también conservaron juegos autóctonos como los bolos (a estilo Riañés, de bola redonda “cántabra”) y la lucha leonesa hasta hace no muchas décadas. Y tampoco lo hacen mal, pues Carande es de los pueblos con más prestigio entre los diferentes campeonatos de bola redonda que se juegan en León.
 
 
Foto de la primera mitad del siglo XX. Obsérvese un techo de paja en la casa de la izquierda.
 
 
Otras costumbres, como la “hacendera” y la “hila” (facendera y filandón) son o han sido hasta hace muy poco, llevadas a cabo entre los paredones de piedra de este pueblo.
 
 
La naturaleza y sus recursos
 
Citado ya en los libros sobre caza mayor de mismísimo Alfonso XI, Carande parece que siempre tuvo una naturaleza generosa para la fauna y la flora, la misma que a mi personalmente me cautivó desde pequeño y me hizo unirme de por vida a esto del “senderismo”.
 
 
Venada
 
 
 
La Raposa
 
 
El Gilbo, o la Peña Horcadas como siempre dijo mi abuela, es el estandarte calizo que emerge de la tierra al Oeste del pueblo, sobre las colladas del Baile y los frondosos bosques mixtos de la Fuente del Hoyo. Son terrenos compartidos con Riaño y Horcadas y quizás los más frecuentados por los montañeros pues este Gilbo tiene un interesante tirón turístico que hace que muchas gentes de los alrededores y de los no tanto alrededores, vengan a sus pies para ascender a su cima. Para mí, despertarme y ver esta montaña es una de las sensaciones más placenteras que tengo en mi vida.
 
 
 
Carande, bajo La Sierra y Peña Redonda en su impactante hayedo otoñal
 
 
Al otro lado del valle está “La Sierra y Peña Redonda”, una bonita pareja cuarcítica y caliza en el que crece un mágico hayedo que recorre toda la sierra del Pando hasta Siero de la Reina, cobijando, y ahora viene lo importante, una nutrida fauna representada por:
 
 – Corzos, venados y rebecos. Estando el corzo en recesión en comparación con su hermano mayor el venado. Un gusano parece ser el culpable de la mortandad del cérvido más pequeño de Europa. Los rebecos se mantienen aunque algunos brotes de sarna han reducido su población.
– Una manada de lobos dirigida por un viejo y algo cojo macho alpha.*
– Habitual presencia de osos, en concreto un osín sub-adulto ha sido visto este año varias veces en el mismo punto, a no mucha distancia del pueblo.*
– Presencia, no confirmada, de Urogallo. Hace un par de inviernos tuvimos un encuentro con una urogallina, justo en el lugar donde este osín reposta cuando pasea por Carande.
 
*Información facilitada por Adrian Fernández
 
 
Huellas de lobo en Salio. Apréciese la marca de la cola en la nieve.
 
 
En cuanto a la flora, destacaría la presencia de una pequeña mata de tejos bajo la mole caliza de Peña Redonda, resistiendo lo que pueden el egoísmo del haya, árbol precioso pero que no se le da muy bien eso de compartir espacio con otros.
 
 
Tejo en la iglesia del pueblo
 
 
Varios kilómetros de bosque caducifolio cantábrico también dan para el nacimiento de un apasionante mundo oculto gran parte del año: las setas. Carande es paraíso setero, pero no quiero dar a conocer mis lugares predilectos en la red, eso requerirá un poco de intuición y caminata por parte del lector.
 
 
La primavera llega tarde, pero llega como un manto de magía sobre el paisaje
 
 
Mi abuelo y parte de mi familia se dedicó en su juventud, antes de la guerra, al trueque de madera de haya y pieles de animales que cazaban por estas montañas para ser intercambiadas por vino y otros productos de las riberas y la meseta. Para ello se preparaban viajes en carretas río Esla abajo hasta las vegas de Mansilla o Los Oteros. Mi abuela, aún lo recuerda perfectamente. ¡Qué rápido ha cambiado el mundo en la misma vida de una persona del siglo XX!
 
 
Boletus Edulis
 
 
 
Mi abuelo también se dedicaba como complemento a la economía del hogar a la pesca de la trucha en el río Carandín, utilizando técnicas como la creación de “puertos”, cerrando el río en época de estío, y cortando las salgueras de las orillas para que el pez no tuviera cobijos. Dicen que de estas aguas del Esla salieron tantas truchas como piedras tiene el río. Hoy, tras el embalse, todo ya solo son recuerdos a la deriva.
 
 
La nieve y los inviernos
 
Hasta el momento, el lugar donde más frio he pasado en mi vida es mi pueblo (sobretodo un invierno en el que se nos estropeó la caldera). 
Temperaturas de menos diez grados y hasta de menos veinte se ven de vez en cuando por estas calles en las que, en tiempos de invierno, se arriman los venados y los corzos (y con ellos los lobos) cuando el monte se llena de toneladas de nieve y queda poco para comer y mucho para ser cazado.
 
 
 
La nieve es un elemento configurador del paisaje de la montaña leonesa, pero si cabe, más en la montaña de Riaño. 
 
Carande, a 1.100 metros de altura sobre el nivel del mar, es un buen lugar para experimentar el frío y la nieve. Y no hace falta en ir en Enero o Febrero, mismamente en Agosto, temperaturas de cero grados acarician las noches de verano, sofocantes en otros lugares de la península, heladoras en estos valles del Alto Esla.
 
 
Tras dos días de nieve, escampa, y toca quitar la nieve de las entradas de las casas
 
 
La leña y la lumbre, que no falte. Y es que son pocos los meses del año que no hay que prender el fuego en la cocina… ¡Pero cómo presta sentarse en el escaño y comer un platín de chanfaina, ese tradicional plato pastoril traído desde la mismísima Extremadura, mientras la mirada se cuela entre los troncos de haya que se combustionan, poco a poco, sin prisa, en la incesante lumbre montañesa!
 
La nieve hacía que mi abuelo utilizara barajones y esquíes de madera para moverse entre los pueblos o entre casas. Cuando la nieve cubría demasiado, se hacían túneles bajo ella para comunicar las casas.
 
 
Aún en pleno mes de Abril, el invierno en Carande sigue siendo muy cabezón
 
 
 
Cuentan los viejos, o así se ha querido contar, que Carande fue destruido por una muelda (alud) de nieve y piedras, y el que vemos hoy es en realidad un segundo aplazamiento del pueblo original, al parecer situado unos metros más arriba, cercano a la sierra. Personalmente, pongo en duda este hecho, pues, aunque si se ven restos de construcciones humanas en este lugar, me es difícil creer que un alud de nieve o piedras de tales dimensiones hubiera bajado de la sierra y no hubiera dejado restos o huellas visibles en el paisaje actual.
 
 
Las Pintas o La Peña de Huelde, desde la zona alta del pueblo
 
 
Por el contrario, en el invierno de 1934, cuenta mi abuela que una familia entera murió sepultada por una muelda de nieve que descendió de la Peña Las Pintas hacia el pueblo de Huelde (hoy sepultado no bajo nieve, sino agua). La naturaleza en estas montañas puede ser también terrible.

Espero que los que no conocéis este rincón de la cordillera, este pequeño y personal post os haya servido para rellenar huecos en vuestra agenda de turismo rural en 2015. Estoy seguro que no os dejará indiferente, y que conste, que no lo digo porque sea mi pueblo.
 
Aquí os dejo dos buenas rutas para saborear de este entorno riañés.
 
 – El Gilbo
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3 pensamientos sobre “Carande, un pueblín de la montaña leonesa

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