Castañal de La Verduéngana – Palacios del Sil

León, un jardín botánico de categoría

León cuenta con una de las mejores riquezas forestales de la península tanto en calidad como en cantidad, pero también en biodiversidad.

Al ser una región que comparte aires cantábricos con aires de interior, el clima es diverso según la estación y la comarca donde nos encontremos, dando lugar a diferencias muy acusadas entre invierno y verano, entre el día y la noche, con primaveras muy lluviosas y nivales, veranos calurosos, inviernos extremadamente fríos, otoños muy reducidos pero intensos… Un surtido bien completo de climas que varian de norte a sur y de este a oeste, una región donde se alinean el mundo atlántico con el continental, donde se abrazan el bosque caducifólio y lluvioso con el perenne y seco bosque mediterraneo.

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Esto ha propiciado que la vegetación leonesa tenga la misma variedad, desde hayas, pinos, acebos, abedules y tejos… hasta alcornocales, encinas y jaras. Pasando por largos bosques de ribera, anchas huertas de cerezos y almendros o frondosos soutos de castaños domados durante décadas por la mano del hombre.


Tierra de castaños

Una representación importante de la foresta leonesa la tienen los castaños, las castañales o castiñeiras, como se dice en el país.

Estos ocupan principalmente los valles tributarios del río Sil, pero también las fértiles vegas del Órbigo, Omaña, Tuerto, Duerna y Ería, es decir, la parte occidental leonesa.

Aunque existen de manera natural en toda la cornisa cantábrica, se cree que fueron importados por el imperio romano en la época en la que las minas de oro astures se encontraban en pleno rendimiento, contando la leyenda que el fruto de tal árbol era la comida de los esclavos astures que fueron obligados a saquear el oro que guardaban sus sagrados montes.

Camino entre castaños

Camino entre castaños

El caso es que hasta nuestros días (con algunas dificultades recientes) han llegado bellos y sanos soutos de castaños en lugares como Balboa, Barxas, Oencia, Las Médulas, Lumeiras… Noceda, Toreno, Páramo, Palacios…

Dentro de ellos se esconden a veces titanes de madera y savia, espíritus del bosque tan antiguos que resulta dificil estimar su edad. ¿500 años? ¿800? ¿1.000?.

Ver reportaje: León, tierra de castaños y magostos

La castañal de la Verduéngana es uno de ellos, uno de esa serie limitada que ha visto generaciones y generaciones de familias pasear, vivir y morir debajo de sus extensas ramas, fábricas eternas de castañas, pero también de madera y por supuesto de belleza y magia.


La Verduéngana, señor del Alto Sil

En lo más profundo de los montes del Alto Sil se encuentran tremendos ejemplares de robles, teixos y bedules. Eternas guaridas de osos y urogallos, raíces perpetuas de uno de los mejores espacios naturales de la península ibérica.

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El siempre místico paraje de Ondinas

Pero La Verduéngana no está restringida a aquellos que no superen los acusados y duros desniveles de esta tierra, sino que se postra muy accesible a viajeros, excursionistas y a cualquiera que recorra la carretera que une Ponferrada y Villablino a través del valle del Sil.

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Palacios del Sil

Antes de nada resaltar que en esta tierra los castaños son de propiedad privada, por lo que el respeto hacia ellos y hacia el entorno que los rodea ha de ser exquisitio y obligado.

Palacios del Sil es un concejo afortunado para la naturaleza (quizás con Sajambre y Valdeón, las perlas forestales de León).

A la salida de este pueblo de fala patsueza, en dirección Ponferrada, se encuentra el precioso barrio de El Castro, escondido entre castaños y con dos joyas arquitectónicas varadas en el tiempo y el bosque. Estamos hablando de los HÓRREOS, la construcción más represantiva de estas montañas asturleonesas.

Hórreo de El Castru (Palacios del Sil)

Hórreo de El Castru (Palacios del Sil)

Entre El Castro y la carretera general se encuentra el paraje de La Verduéngana.

Aunque al principio pueda pasar de desapercibido, pronto nos percataremos de una presencia que destaca sobre todas las demás.

En cualquier época del año, esta enorme castañal deja con la boca abierta al visitante que se acerca a rendirse pleitesia a este ente del bosque cantábrico.

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Cada una de sus ramas, de sus bifurcaciones, podrían ser por si solos castaños de medio tamaño, semejantes a los que le rodean. Su base es inmensa, con un anchura que abarca a más de cuatro hombres adultos. Además, parece tener como dos brazos dormidos que en las noches de luna llena de San Xuan, cuando las ondinas y las mouras lavan sus cabellos en las fuentes de este Sil, sus dos ramas se alzan en el aire y estiran tantos siglos de sabiduría. ¡Quién sabrá todo lo que ha visto este enorme árbol! Tan solamente las piedras se acordarán cuando este titán era tan solo una castañina hundida en una húmeda alfombra de tierra y hojarasca…

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Lo que si tenemos claro, por lo menos algunos, es que este bien podría ser uno de los símbolos de lo que esperemos sea el Parque natural del Alto Sil, un lugar donde poder inculcar a la siguientes generaciones la importancia de guardar respeto a los bosques y a los árboles, pues somos nosotros los que estamos de paso, y no precisamente ellos.


Agradecimientos a Valeriano, de Palacios, por enseñarme el lugar ya hace unos años.

DORMIR en el ALTO SIL

ALBERGUE DE MONTAÑA
LA CABANA DEL TRASGU
SALENTINOS
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