Los valles de Polvoredo – Valdeburón

Valdeburón, tierra de bosques
Desde las alturas de Tarna y Ventaniella hasta las aguas del río Orza en Vegacerneja, una fantástica cubierta vegetal de haya se despliega al norte del legendario valle de Valdeburón, en la comarca de Riaño.

Son más de 10 kilómetros de bosque intercalado con valles y colladas que a su vez constituye uno de los mejores “corredores” naturales del Oso Pardo, el cual utiliza estas vallejas arboladas para moverse sin apenas ser visto entre las Tierras de la Reina y el bosque de Hormas a Tarna y Redes.
 

 

Lugar: Polvoredo

Conceyu: Valdeburón (León)

Sentido de la ruta: Circular

Tiempo aproximado:  5 horas

Distancia: 13 kms

Desnivel de subida: 300 metros

Entorno: bosque cantábrico, vegas, brezal

Dificultad: Media

 
Polvoredo ( 1.200 metros de altitud ) es una  población enclavada en la mitad de este interesante mundo. 
El pueblo se asienta en un valle tributario al del Esla, a poca distancia de Lario y de camino a los puertos que conducen a las selvas de Pío de Sajambre.
 
Son varios los caminos para andar por los rincones naturales de Polvoredo: El monte Ranedo, ruta señalizada por el parque regional es una buena opción y además sencilla y no muy larga.
Otra opción muy destacable es el camino que conduce a La Uña y los puertos de Arcenorio, todo un paraiso para los sentidos en cualquier época del año.
Y también pasear por la pradería ribereña del arroyo del Puerto hasta Lario, otra población montañesa muy cercana a Polvoredo.

Ida y vuelta por Muñenes y Becenes
 
Nosotros hemos querido conocer hoy los dos valles más famosos de Polvoredo: Muñenes y Becenes, situados estos al norte del pueblo de manera paralela el uno del otro y que cuentan ambos con buenas pistas que conducen a un mirador extraordinario sobre Sajambre y los Picos de Europa: la Sierra de Jián.
 
 
 
El otoño ha entrado ya de manera completa en este pintoresco rincón de Valdeburón y los cerezos se incendian sobre el milenario campaneo de los cencerros de las vacas que pastan cercanas a las orillas del Arroyo del Puerto.
 
 
Pinos, hayas, praderas naturales y las primeras peñas de la llamada sierra del Parmede destacan en los primeros metros de la ruta que conduce a la confluencia de los dos valles antes citados.
 
El paisaje no puede ser más cantábrico: viejos paredones de piedra cubiertos de “jelechos” amurallan los prados que tras unas pocas semanas de lluvia intermitente han recuperado su verdor dejando a un lado la triste sequía del verano.
 
 
A la salida de una pequeña estrechez del valle encontramos la bifurcación del mismo y del camino que seguirmos.
Hacia la derecha la pista se dirige al valle de Becenes y hacia la izquierda a Muñenes. Ambos suben hacia los colladas del Monte Zalambral, en Pío, pero para no liarnos ( ya bastante creo que lían estos nombres tan semejantes) vamos a establecer una ruta circular que nos permita conocer ambos.
 
 
Subimos por el valle de Becenes bajo los abesedos del Parmede y del poco a poco cercano Pozúa.
El hayedo se viste de gala otoñal y una paleta de colores que va desde el verde oscuro al frágil amarillo se adueña poco a poco de nuestros ojos. 
Un buena familia equina pasta sosegada en la última parte del valle, justo antes de la cabaña desde donde parte el sendero que nos lleva a la llamada “Puerta Zalambral” en los mapas.
 
          Valle de Becenes
 
Un nuevo paisaje está a punto de ser descubierto cuando finalicemos la breve subida que nos separa hacia esta colladina de 1.562 metros. A partir de este punto el Río Sella y su enorme poder de erosión se hace patente cuando de repente una gran depresión del terreno se desploma hacia los imponentes Beyos, por donde corre el viejo río salmonero en busca del mar cantábrico, situado a apenas 30 kilómetros en línea recta.
Es el valle de Zalambral, pertenenciente al sajambriego pueblo de Pío, oculto senda abajo entre un increible hayedo y bajo la mirada de Peña Niajo, un elegante cresta que nos hace la boca agua y que tendremos que dejar para otra ocasión.
 
      Hayedos de Sayambre. Al fondo Los Beyos.
 
En este este punto también se divide la senda en tres: podemos bajar a Sajambre como hemos apuntado, cruzar al valle de Muñenes o seguir hacia el denomiado Pico de Valdegarcía, que se presume como un excelente mirado sobre estos últimos valles leoneses de los Picos de Europa.
 
 
 
      Oseja de Sajambre
 
En poco tiempo llegamos a este punto desde el cual divisamos Oseja, Soto y una gran panorámica del macizo Occidental o del Cornión con Torre Santa presidiendo.
Vuelvo a incidir sobre el gran poder de erosión del río Sella que crea en pocos metros un paisaje totalmente diferente al de Valdeburón. Los desniveles son muy considerables y los precipicios hacia el norte impactan. El desfiladero de Los Beyos es su mejor expresión.
 
Volvemos después de comer hacia la senda que nos lleva a conocer el segundo valle del día: Muñenes.
Este valle es hermano casi gemelo del de ida, aunque, no sé por qué, nos gustó más a todos.
La senda se adentra en el hayedo y decidimos no abandonarlo hasta unos cuantos metros más abajo puesto que la sensación de andar por estos bosques en esta segunda primavera que es el otoño húmedo y de color nos apasiona y, casualmente, tuvo su recompensa unos minutos más adelante.
 
 
Cuando creemos estar bien “empapados” de hayedo (y de robles de considerable tamaño) bajamos una vallina hacia el valle principal. El descenso es cómodo y hay multitud de sendas que nos facilitan la vuelta al mundo domado por el hombre. Pero antes de salir de la mística oscuridad del hayedo, dos tesoros se topan en nuestro camino.
 
 
Dos cornamentas de venado son halladas por uno de nuestros compañeros a escasos metros una de la otra y pertenecientes a diferentes animales. El momento es saboreado por todos y más por el descubridor, que nunca había tenido la fortuna de encontrar estas acorazadas armas del “principe del bosque”.
 
 
Una vez en las praderías del valle, una pista nos encamina a la bifurcación por la que horas antes pasamos. Pero queremos seguir explorando este lugar y decidimos seguir la orilla del río comprobando la existencia de una buena población truchera.
 
           Valle de Muñenes
 
Poco a poco el río y el valle se encajonan y perdemos de vista el camino que asciende entre las hayas. Nosotros, abajo, en orilla del río apostamos con ciertas dudas en seguir caminando por la ribera que ahora se adentra en un espeso pero bellísimo hayedo protegido por pindias laderas y peñas que nos obligan a seguir circulando por la parte baja del valle. 
De repente, como por arte de magia, el arroyo desaparece y se filtra a través las enormes rocas que tenemos que ir sorteando, haciendo el lugar aún más especial.
 
 
 
Confiando que esto no sea un callejón sin salida, vamos poco a poco saliendo hacia la luz donde nos espera el cruce de caminos entre Muñenes, Becenes y Polvoredo. Objetivo cumplido.
Regresamos al pueblo con una grata sensación de haber realizado una de las rutas más satisfactorias de este final de año 2012.

 

¡No dudes en compartirme! ¡Gracias!

8 pensamientos sobre “Los valles de Polvoredo – Valdeburón

  1. Javier González

    Qué coincidencia…había pensado para este fin de semana acercarme bien a Povoredo o a Pio para hacer una ruta por este entorno y disfrutaR de los bosques del entorno. Espero que el tiempo lo permita. Veo además que las hayas están tomando su tinte de color rojizo.
    Interesante reportaje!!
    Saludos

  2. Anonymous

    LO IDEAL PARA HACER ESTAS RUTAS ES PERNOCTAR EN POLVOREDO (HAY UN PAR DE CASAS RURALES QUE SON BARATAS) Y ASÍ TE VAS METIENDO EN EL AMBIENTE DE LA MONTAÑA, VIENDO AMANECER EN ESTE ENTORNO ES DE LAS COSAS MAS BONITAS Y TE PREPARAS PARA LO QUE TE ESPERA MÁS ARRIBA.
    POLVOREDO ESTÁ RODEADO DE MONTAÑAS Y PUEDES ELEGIR VARIAS RUTAS DIFERENTES Y PUEDES HACERLAS SIN MIEDO A REPETIR LO YA VISTO.CADA UNA TIENE SU ENCANTO.
    LO BUENO DE ESTAR ALEJADO DE LA CARRETERA Y TODO LO QUE RECUERDA A LA CIUDAD SE ENCUENTRA EN ESTE PUEBLO DONDE LA TRANQUILIDAD ESTÁ ASEGURADA.

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