Me gustaría hablar un poco sobre un elemento básico y entrañable de la naturaleza cantábrica. Una curiosa sombra que nos acompaña en casi todos lo paseos y que suele hacernos más amenas las jornadas.
Son los duendes del monte, aquellos que saltan a nuestro paso para volverse a esconder a los pocos metros y seguir mirándonos entre los helechos. O los que simplemente pastan y merodean por las eras de nuestros pueblos durante horas para luego volver a sumergirse en ls profundidades del monte.
Son, como ya habréis adivinado, los corzos, nuestros corzos.
Y es que las primeras salidas a la montaña o a la naturaleza que uno tiene, es el corzo el primer animal con el que uno aprende a familiarizarse. Debido a su abundancia y a su total adaptación al medio, este pequeño cérvido (el más pequeño de Europa) es, de entre toda la fauna cantábrica, el más avistado y contemplado, bien sea durante pequeños instantes o durante largos minutos, pues su presencia es patente en casi todos los ecosistemas que nos rodean: ríos, peñas, pastos, bosques, monte bajo, ecosistemas costeros y hasta por las cercanías de los pueblos también merodean, especialmente en épocas de mucha nieve en el monte en busca de comida y refugio.
Paraje corcero de la comarca de Valdueza, León.
En mi caso asi fue. El jabalí y el corzo fueron la primera fauna con la que aprendí a “llevarme”. La pisada, el excremento, el característico ladrido del atardecer de primavera o el silbido de alarma (recuerdo una pareja que casi nos arrolla en un hayedo de Retuerto cercano al Puerto del Pontón que venían, aparte de muy nerviosos y acelerados, emitiendo sonidos de alarma semejantes a un silbido, posiblemente por la presencia del lobo) son signos que se repetirán una y otra vez en nuestras salidas al monte.
Realmente no es muy díficil “hacerse” a este pequeño ungulado que suele campear tanto en solitario, como en pareja como en manada. Su hábitos y costumbres, con un poco de paciencia y dedicación, son fácilmente asimiladas (por desgracia para ellos, pues la escopeta y el corzo suelen tener una estrecha relación en nuestros pueblos).
Así, por ejemplo, en la época en la que nos encontramos (marzo, abril, mayo…) es muy común verles al atardecer en cualquier vallina o vaguada comiendo hierba. Suelen estar en espacios abiertos pero con la protección de la espesura del monte no muy lejos por si acaso tienen que echar patas. Además, son animales que casi siempre vamos a ver en pareja (macho y hembra), por lo que el disfrute será doble.
Por la noche y al amanecer también se dejan ver en amplios prados o eras cercanos a caminos, pueblos y carreteras, donde pastan muchas veces en conjunto.
Son herbívoros muy territoriales, siendo fácil avistar el mismo ejemplar día tras día, semanas tras semana en un minúsculo espacio de terreno, sobretodo si es macho adulto y tiene bien asentada su posición.
Vallina arbolada de Riaño, un buen lugar de corzo
Muchas veces, al ser movidos de su territorio por causa del hombre o algún peligro, vuelven a su campo de acción a los pocos minutos
En los meses de primavera las hormonas se les aceleran, y son frecuentes sus ladridos en todos nuestros montes. Si sabemos imitarles podemos llegar a establecer peculiares “conversaciones” con ellos, contestando a nuestros ladridos y muchas veces con increíble cercanía.
Es fácil su avistamiento largo y continuado pues de vista no andan muy finos, por lo que si mantenemos un posición fija y cercana al suelo, podemos observarles sin prisas ni carreras si no han llegado del todo a percatarse de nuestra presencia. Su olfato y en especial su oídos sin son infalibles, por lo que dedican varios minutos a levantar las orejas a modo de radar mientras merodean por sus territorios.
A mí me encanta toparme con corzos, no puedo decir que esté cansado de ellos. Por mucha prisa que tenga, siempre intento dedicarles unas fotografías o deleitarme viendoles caminar o pastar. No coincibio una ruta sin ver alguno, y cuando no les veo, les echo de menos, porque para mí, son algo así como la salsa del monte, algo que embellece a nuestros ecosistemas.
Uno de los lugares donde más corzos he avistado ha sido en las faldas del Monte Teleno, en Molinaferrera, en León. Un terreno de pendiente suave con gran cantidad de monte bajo, vallinas y matas de roble. Puede que este sea su hábitat favorito.
En la montaña de Riaño, compuesta por grandes hayedos, pastos y roca caliza, es también un animal muy frecuente, aunque se está dando en los últimos años un acusado descenso provocado por la aparición de un gusano que entra por sus vias respiratorias y lo debilita hasta la muerte. También ha influido en esta zona la gran densidad de ciervos, el primo mayor del corzo, que parece haber desplazado a estos.
Hace tiempo leí que uno de los lugares con más densidad de corzos era la sierra de Ancares, una sierra que cuenta con hábitats muy favorables para esta especie. Sin embargo, por informaciones directas de lugareños de esos valles, parece que su población ha mermado considerablemente por la aparición de grandes manadas de lobos, el depredador natural del corzo y uno de los sustentos de este cánido.
A veces ocurre… cornamenta de un corzo en los puertos de Marabiu, Asturias.
Las apariciones más curiosas de este cérvido suelen darse en las orillas de los grandes ríos, ecosistemas que si bien no son los más comunes para este animal, últimamente están sufriendo un proceso de aumento de la vegetación (debido a la despoblación y al poco uso de los caminos ribereños) que está convirtiendo a los terrenos aledaños de la masa fluvial en auténticas selvas de chopos, abedules, umeiros y avellanos donde el cérvido se encuentra muy agusto.
La adaptabilidad de este ser vivo es el mejor de sus aliados, y en un entorno como la cordillera cantábrica donde la naturaleza y el hombre están tan intimamente ligados, el corzo es un habitante confiado que con un poco de astucia, paciencia y, sobretodo, poco ruido, podemos pasar buenos momentos observandolo en sus quehaceres diarios.
Una preciosidad de fotos y de texto…Saludos
Muchas gracias Paloma!!
Excelente entrada. Además para mí es el mamífero más bonito que tenemos en estas tierras. Es mi debilidad fotográfica. Al igual que a ti, a mí también me encanta encontrármelos. Me da subidón.
En Ancares comienzan a recuperarse. Ya se ven más que años atrás. Ya sabes por donde me muevo. Pues de esa zona donde hay más con diferencia es en la zona de Compludo aunque no tantos como había antes. Está zona está muy próxima a las faldas del Teleno, que sin duda allí es donde más hay. En cambio en el Alto Sil, lo tienen muy mermado. Saludo
Dani, para entradas sobre fauna… las tuyas, en eso poco puedo “competir” contigo!!! jeje Pero había que sacar algo sobre estos animales que cada vez aprecio más.
Hubo una época que hasta llegaron a aburrirme… siempre detrás de otras piezas o del venado mismamente, que antes se veía poco.
Pero he entendido que el corzo es la salsa del monte.
Si, en el alto Sil, de Páramo para arriba no se ven tantos como en Toreno por ejemplo.
Y si, todos los montes del Teleno… son lugares 10 para el corzo. Me alegra que coincidan nuestras opiniones!!
Un saludo amigo!